
Si pudiera encontrar entre tus ropas y las paredes blancas de tu armario
esa larga fisura por donde te me fuiste,
esa herida que atraveso el pasado y mató el devenir,
acaso no nos veriamos más desnudos que nunca?, como después de nunca,
como después del paraiso que perdimos,
y quizá podríamos nombrarnos con nuestros verdaderos nombres,
esos que solamente Dios conoce,
y descubrir los pliegues ignorados de nuestra propia historia
cubriendo las respuestas que callamos,
deshaciendo las heridas que causamos,
olvidando las palabras mal usadas,
y mostrándote el poco brillo que queda
de este mediocre y pobre fracasado,
incrustadas tal vez como iedras reciosas en el fondo del alma.